Este fin de semana he hecho cosas muy provechosas. Académicamente nada, así que preveo una bronca monumental por parte de mi tutora de la tesina. Pero la Cuaresma induce a preparar comidas y dulces típicos de la época. En mi casa, desde hace más de tres generaciones, se hacen unos rosquitos con ingredientes naturales, con paciencia y humor, mucho humor.
Mi madre, que saca fuerzas de donde no las tiene, se pone a amasar con la fuerza y el tesón que la caracterizan y cuando llego yo para ayudarla con el molde de los rosquitos, siempre pone alguna pega. Todos le parecen demasiado gruesos o demasiados finos. Le puede su afán de perfeccionismo.
Que merendéis bien en esta tarde de domingo.
PUIG CAMPANA VI: La montaña que no perdona
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Dicen que hay montañas que se suben y otras que, en realidad, son ellas las
que deciden si te dejan entrar. Durante mucho tiempo pensé que no era más
qu...
Hace 2 semanas
