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martes, 12 de octubre de 2010

Pereque

Para celebrar este maravilloso y soleado día de la Hispanidad, me parece justo daros a conocer una expresión que, aunque viene directamente de Hispanoamérica, mi madre utiliza a su modo. Yo, como ella, tengo uno de esos días en los que estoy "hasta el perreque" de todo, incluyéndome a mí misma. Luego, dando una vuelta por la red me encuentro con esto:

pereque.

1. m. Col. y Hond. Molestia, impertinencia.

2. m. El Salv. obstáculo (impedimento).

3. m. El Salv. argucia..

4. m. El Salv. Cosa que se repite fastidiosamente.

5. m. Nic. Fiesta acompañada de música, baile y bebidas.

poner en ~ a alguien.


1. loc. verb. coloq. Col. Incomodarlo, hacerle objeto de bromas, burlas o chanzas.

Pues eso. Que estoy hasta el perreque del pereque.

Que paséis una feliz tarde de 12 de octubre.

domingo, 25 de abril de 2010

Pasa el tiempo...

O nos pasamos nosotros. Al menos eso dice mi madre cuando echa la vista atrás, seguramente cuando me ve salir por la puerta sospechando que, las miles de veces que he bajado el escalón del zaguán, se acababa una etapa. En fin, que no me voy a poner a reflexionar sobre el tiempo, en general, porque me parece que aburre en cierto modo y porque pienso que todos tenemos a veces la misma sensación, esa de que se nos escurre entre las manos el sonidito de las agujas del reloj.
Yo, me paro en otras cosas que también me dan una ligera idea de cómo me paso, me paso el tiempo quiero decir. Sin ir más lejos hace unas Ferias de Abril las resacas de rebujito se engarzaban unas con otras mientras al día siguiente de la fiesta miraba las fotos de cámaras ajenas preguntándome si esa de la cara desencajada era yo. Ahora me doy unas vueltecitas por el Real y vuelvo a casa temprano, que al día siguiente hay que trabajar.
Lo mismo con la Semana Santa, que este año ha sido de lo más tranquila. Poquitos pasos y bien vistos, no sin cierto recelo por mi parte-que yo trianera soy un rato- sino porque mi querido acompañante no termina de entenderla, se cansa ante las largas esperas y blasfemia ante las bullas y hasta cierto punto es normal. Si no lo mamas desde pequeño, difícilmente lo sientes. Me quedo, por supuesto, con el último Domingo de Ramos, junto a mi buen amigo y profesor, Juan Antonio.
Será que cada vez tiene una el cuerpo para menos trotes. Será, como dice mi amigo Isra, que no es el tiempo, ni la edad-que también- sino el kilometraje. Y esto lo dice un aficionado al buen tequila, una de las mejores personas que conozco.
El tiempo no pasa en balde para nadie. Hablábamos ayer unos amigos y yo de las nuevas tecnologías, de que en 20 años se curarán muchas enfermedades, de que nos pondremos lentes de contacto que nos permitirán viajar al instante a cualquier sito del mundo, y lo mejor de todo, que en 20 años asistiremos a una vida muy longeva, y bichitos como yo duraremos hasta 150 años...
Pues no sé yo, señores, si esto es tan buena idea, y como dice mi florentino, querremos morirnos antes, pero si sé, que por rápido que el tiempo pase ya queda mucho para la próxima Feria y otro tanto para la Semana Grande. Quién pudiera vivir en la eterna primavera de Sevilla, sin los calores que nos esperan y vivir de arte sin trabajar, sabiendo que te quedan por lo menos cien años más de vida y muchos días viendo a tu madre, a tu padre, o a quien sea, en su silloncito de madrugada, esperándote para quedarse tranquilo al verte entrar.

domingo, 21 de marzo de 2010

Rosquitos


Este fin de semana he hecho cosas muy provechosas. Académicamente nada, así que preveo una bronca monumental por parte de mi tutora de la tesina. Pero la Cuaresma induce a preparar comidas y dulces típicos de la época. En mi casa, desde hace más de tres generaciones, se hacen unos rosquitos con ingredientes naturales, con paciencia y humor, mucho humor.
Mi madre, que saca fuerzas de donde no las tiene, se pone a amasar con la fuerza y el tesón que la caracterizan y cuando llego yo para ayudarla con el molde de los rosquitos, siempre pone alguna pega. Todos le parecen demasiado gruesos o demasiados finos. Le puede su afán de perfeccionismo.
Que merendéis bien en esta tarde de domingo.

viernes, 29 de enero de 2010

Una madre... Es una madre

Yo he sido muy madrera. Cuando era niña y me tocó ir a parvulario con mis compañeros y compañeras, me pasaba las tres primeras horas de clase llorando a moco tendido porque quería estar con mi madre. Podía pasarme las horas mirándola, acurrucada en su regazo, pidiéndome que me leyera por enésima vez el mismo cuento o botando de alegría cuando daban las dos de la tarde y la veía la primera para recogerme en la puerta del colegio. Luego cambiamos y ya no la echamos tanto de menos, estamos deseando que despegue la mirada de la puerta de nuestro cuarto mientras hablamos por teléfono o por el messenger, que nos deje en paz vivir nuestra propio rollo, que no nos mande a tirar la basura, que se lo diga también un poquito a tu hermana o a tu hermano, que no nos diga por qué estamos tan feas con la minifalda, que el niño que viene a buscarte a la puerta no te conviene, que si estudiaras un poquito más a lo mejor aprobarías... No os cuento todo esto por capricho. Esta tarde escuchaba a una de mis alumnas, casi gritando, puerta con puerta con su madre, que ésta le daba asco y que ojalá pronto se muriera. A mí, además de indignarme, este comentario me ha producido una tristeza infinita, que sería incapaz de transmitiros en este momento...
Mientras revisaba el correo electrónico escuchaba como un personaje televisivo montaba en cólera cuando uno de los colaboradores del programa le nombraba a su madre. Me he acordado inmediatamente de las necias palabras de algunos que insultaron a la mía, hace dos años, cuando sufrí un acoso y derribo particular vía Internet, por parte de gente que ni siquiera merece la pena ser nombrada ni aquí ni en ninguna parte. Y entonces me pregunto cómo se puede hablar tan a la ligera de una madre.
No puedo entender que haya personas que odien a sus propias madres o que hablen mal de las madres de otros, cuando estas les han dedicado la mitad de su vida y casi la otra a entenderlos, cuidarlos y educarlos. Seguramente algunas no lo hayan hecho todo lo bien que quisieron, incluso puede que otras se consideren o sean consideradas malas madres.
Yo, partiendo de mi opinión personal, no creo en las malas madres, sí puedo creer en que son humanas y cometen errores, como todo el mundo. Y la mía, que es una gran madre, se moriría de tristeza si escuchara a alguna de sus hijas profiriendo burradas como las de mi alumna esta tarde. Por eso, hoy es uno de esos días en que tengo que agradecerle a Dios, o quien sea, que me vive mi madre, que tengo la ocasión de escucharle sus quejas y algún que otro reproche cada día, que soy afortunada porque me lo ha dado todo, que Loli, que así se llama mi madre, no hay más que una y que es un regalito poder verla y sentirla desde hace 26 años. Lástima de los que tengan que perderla para darse cuenta de lo que vale un peine. Por eso, también hoy, le pido a la vida que me preste tiempo para poder disfrutarla muchos lustros todavía.