sábado, 29 de enero de 2011

Abuela...

Mi abuela me enseñó a jugar a las cartas. Al tute, al cinquillo, a las siete y media. Tendría yo unos seis años. Durante las partidas, me pasaba el tiempo guardándome los ases y los 3 de cada palo, y ella me miraba, buscando cantar "las veinte" o "las cuarenta".

Cuando aprendí a leer, como todos los niños, llegaba yo con mi libro gordo de cuentos, una recopilación de los hermanos Green, aquel de las preciosas ilustraciones, y se los leía, una y otra vez. Mi abuela no sabía escribir, ni leer. Ella era mi mejor oyente. Cuando daban las nueve, se ponía la toquilla y la escuchabas arrastrar tímidamente los pies, embutidos en aquella babuchas de paño negro, por el salón, hasta llegar a la puerta. Y entonces se despedía, con su seseo de esperanza y su hasta mañana. La última vez que hablé con ella ya no era la mujer que yo había conocido. La encontré sentada, en una habitación, en una residencia. Todavía tuvo lucidez para llamarme "la señorita" y sonreír levemente mientras me preguntaba, casi afirmando satisfecha, si ya tenía "los papeles". Así era como llamaba ella al título de "maestra" o lo que quiera que yo fuera.

Hace ya más de dos años, mi abuela abandonó la partida. Jugó su propio tute durante noventa y cuatro años. Y siempre me acuerdo de ella.
Los abuelos son un don. Afortunados los que pueden disfrutar de ellos. Yo, mientras tanto, seguiré recordando a mi abuela.

4 comentarios:

Santino dijo...

Que recuerdos más bonitos y más bien escritos!! También yo me he acordado de mis abuelos al leerlo. Es curioso que durante mi infancia era el único de mis amigos que tenía los cuatro abuelos. Ahora ya no me queda ninguno y parece mentira que haya vivido cuatro veces la pérdida de un ser querido. Tu recuerdo ha despertado en mí muchos recuerdos :)

Speranza dijo...

Espero que todos esos recuerdos despertados sean buenos.
Echo mucho de menos a mi abuela, Santino y guardo una imagen muy tierna de ella, a pesar de que era una tía de armas tomar. Los seres queridos nunca deberían irse.
Gracias ;)

Las hojas del roble dijo...

Emocionante, Spe. Los abuelos son la parte dulce de la sal de la vida. Les debemos mucho, mucho.

Beso trianero

Patricia Gardeu dijo...

Mi abuela también me enseñó a jugar al cinquillo, y hoy también es domingo..
Buen descubrimiento este tu blog..